sábado, 12 de junio de 2010

Olor a despedida...

Utrecht huele a verde... y no solo al verde que todos estáis pensando... Utrecht olió al blanco de la nieve y ahora huele a verde mojado... En estas fechas que corren, por supuesto también huele al amarillo del sol proyectado, pero ese olor húmedo creo que es algo que nunca olvidaré... Y siento, y eso espero, que cada vez que huela un olor semejante en cualquier lugar, transportarme directamente con una bici imaginaria a esta magnífica ciudad...

Hoy no resumiré todo lo que no he contado en más de un mes... París, Madrid, Utrecht... Simplemente no hay palabras para contar todo lo que he sentido y vivido hasta ahora... Habría que escribir muchos blogs, sacar muchas fotos y grabar muchos vídeos para meterse en mi piel en estos instantes... Nunca había sentido nada así
y francamente espero no volver a sentirlo, porque eso es lo que lo hace especial y único...

Casi se me escapan unas lágrimas... De pequeñito fui muy llorón pero creo que aprendí a llorar para adentro... Ahora, de repente, se me ocurre que me encantaría volver a ser ese niño para poder sacar afuera las lágrimas que me inundan el pecho...
Y es que parece que los cabrones de Marc y Bea han hecho arrancar el tren cargado de sensaciones, un tren que no tiene parada, que acelera más y más y que terminará por chocar el día que me marche de esta ciudad... Estallido de recuerdos para la posteridad...
Ante eso, solo puedo daros las gracias por aseguraros de que no le falte combustible...

Es muy posible que la mayoría no sepáis de lo que hablo... pero creo que lo entenderéis perfectamente cuando veáis la última entrada de este blog, al menos antes de haberme marchado... Como despedida un regalito acatalanado... :D

Y es que Utrecht huele a risas, huele a llantos, a fiestas y a noches encerrado... Huele a parques y cerveza, a manta y guitarra... Huele a bolsitas de maría, a Chocomel, a Cola del Super deBoer y a caramelos azucarados... Huele a juventud, a estudiantes, pero también a viejos y a ancianos... Huele a libros, a sabiduría, a buen transporte y viajes organizados... Huele a bicis, a residencias, a pisos y al mercado... Huele a amigos, a colegas... A conocidos y a extraños...

Utrecht huele a verde esperanza... La esperanza de seguir adelante, de afrontar lo que venga y de superar lo pasado... La esperanza de volver y ver que nada ha cambiado... Y es que Utrecht también huele a despedida, pero no todas las despedidas son en vano...

15 días, 15 días me separan de un destino incierto... Por supuesto que tengo ganas de volver, pero nunca me tocó decir adiós a una ciudad... Tampoco ahora... Hasta luego Utrecht...

Un beso para todos los que me han hecho vivir esta ciudad al máximo...
Y otro beso para los que me ayudarán a vivir cuando ya me haya marchado...

Muaks!


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